Cuando el hip hop no era suficiente, llegó Kendrick Lamar

Cuando el hip hop no era suficiente, llegó Kendrick Lamar. Es decir, cuando el rap ya lo había dado todo en los primeros años del siglo con los Eminem, los Dr. Dre, los Jay-Z y demás, entonces apareció el señor Kendrick Lamar. Señor, a pesar de ser un chavalito de treinta años con solamente cinco de reconocimiento mundial. Tres soberbios álbumes de estudio y un cuarto recientito que apenas hemos tenido tiempo de degustar aún.


Lamar es un californiano que creció con gran influencia del rap desde muy pequeño, a pesar de lo cual no es el caso típico del rapero crecido entre basura, con una infancia terrible y malcriado por sus padres drogadictos en un barrio marginal. O no lo es tanto (Compton no es Beverly Hills, pero tampoco el Bronx). El caso es que Lamar fue buen estudiante y aprovechó sus estudios para construir un tipo de poesía más bien refinado que terminaba transformando en rap. Y con "refinado" no quiero decir que se libre de la etiqueta de "explicit" (en realidad no hay muchos que se libren de ella: está El Chojin y poco más).

"To Pimp A Butterfly" (2015) es un absoluto monumento. Si has leído ya algo sobre él y aún no lo has oído, no sé a qué esperas.
                                                                                                

Lo de refinado está en primer lugar en la pura tarea de MC: la lírica, la construcción, la gramática, la estructura, el ritmo, la vocalización, el flow. En segundo lugar, en la tarea del DJ, que en este caso no es solamente un DJ, sino cien mil músicos, puesto que nos referimos concretamente a su segundo disco, "To Pimp A Butterfly" (2015), y en él nos vamos a centrar.

"To Pimp A Butterfly" (2015) es un absoluto monumento. Si has leído ya algo sobre él y aún no lo has oído, no sé a qué esperas. Créete todo lo que se haya dicho sobre él, porque es cierto: realmente es uno de los mejores discos en lo que llevamos de siglo, primero por la calidad de cada uno de los cortes (tanto en composición como en producción), segundo por la enorme variedad musical que abarcan entre todos y tercero por la magistral uniformidad estilística de fondo que logra conectar toda esa amalgama en un todo conceptualmente coherente.

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La variedad de temas que abarca Kendrick Lamar, desde la difícil infancia en el barrio hasta llegar a la lucha de la comunidad afroamericana, pasan por el camino hacia la fama, sus episodios depresivos y suicidas, la crítica social, los clásicos juegos megalómanos del rapero egocéntrico y abarcan hasta la autocrítica. Este animal artístico domina todos los medios de expresión vocal: es capaz de rapear, susurrar, jadear, declamar, recitar, gritar, entonar, cantar o hablar.

Todas las aspiraciones de los MC y los DJ de todos los tiempos, Kendrick Lamar las hizo realidad.
                                                                                                

Y todas sus voces se ven arropadas (y no exactamente acompañando ni de fondo, sino como protagonistas a su altura) por una sublime mezcla de jazz, free jazz, funk, R&B, electrónica y hasta electroacústica, tan bien hilada que tenemos todo el tiempo la sensación de estar escuchando siempre la misma obra, fruto del mismo momento, el mismo pensamiento, las mismas sensaciones y el mismo trasfondo. A esto contribuye el entramado poético, con elegantes recurrencias como las del siguiente fragmento:

I remember you was conflicted. Misusing your influence. Sometimes I did the same. Abusing my power full of resentment. Resentment that turned into a deep depresion. Found myself screaming in a hotel room.
"To Pimp A Butterfly"

Por tanto, estamos ante una clara reinterpretación de concepciones musicales como la forma cíclica (Berlioz: "Sinfonía Fantástica") o la ópera rock (The Who: "Tommy"). Y hablamos, dos años después de su publicación, de un disco que excede, sin dejar de ser hip hop, muchos de los límites que el hip hop se había impuesto. A pesar de que mantiene la esencia en todos sus elementos, ya sean musicales (rítmicos, armónicos) estructurales o temáticos, los amplía dándoles una dimensión de proporciones colosales: lo que nadie nunca aventuró cuando Gil Scott-Heron declamaba sobre bases rítmicas allá a principios de los años setenta, todas las aspiraciones de los MC y los DJ de todos los tiempos, Kendrick Lamar las hizo realidad.

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​Nos quedamos con uno de los cortes estelares del disco, "These Walls", que además da pie a un descarnado y sugerente vídeo:

Hasta la próxima.

TRABAS

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